MITOS, LEYENDAS Y CURIOSIDADES DE SAGUA LA GRANDE

El Dr. Vaquez y la Chirimoya

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Visita del Doctor Vaquéz a Sagua

Contado por el Sagüero Dr. Gustavo Alvaré.

 

El Dr. Vaquez, catedrático de cardiología de la Universidad de la Sorbona, de París, había sido discípulo y devoto amigo del Dr. Joaquín Albarrán. Siempre había manifestado un ardiente deseo por conocer la patria y el lar nativo del Dr. Albarrán.

 

Un buen día arribó a La Habana, siendo recibido con grandes y merecidos honores por toda la clase médica cubana, habiéndosele tributado agasajos y honores.

 

En Sagua fue recibido también con muchos honores por la sociedad sagüera y por el Colegio Médico local. De esta oportunidad quisiera evocar dos momentos culminantes. El primero fue su visita a la casa natal de Joaquín Albarrán. Ya en la casa que tan bien conocen los sagüeros, en el zaguán, el Dr. Vaquez preguntó cual era la habitación en la que había nacido el ilustre médico sagüero. Se hizo un gran silencio. Adueñándome de la situación, pues yo los acompañaba en mi calidad de presidente del Liceo, le hice saber al Dr. Penichet que yo les indicaría el lugar y la habitación en que había visto la luz nuestro coterráneo. Los conduje al primer cuarto de la casa, señalándole allí el lugar donde se encontraba la cama materna. El distinguido visitante permaneció en silencio un buen rato; después quizo visitar toda la casa y el patio. En este último lugar le pidió al Dr. Penichet que quería una flor que huviese nacido en aquella casa, pero allí no había ninguna, solo una mata de chirimoya. Busqué a la señora de la casa, que era la esposa de un ministro presbiteriano que eran los inquilinos, y le rogué me diera una flor cualquiera. La señora no tenía ninguna. Regresé al patio e informé al intérprete, Dr. Penichet, el inconveniente. Entonces el Dr. Vaquez manifestó que se contentaría con un pequeño fruto de aquel árbol que allí había. Me subí al borde del arriate y tomé una pequeña chirimoya de la mata y se la entregué al Dr. Vaquez, quien en silencio, que era compartido por todos los presentes, tomó un pañuelo de su bolsillo lo extendió y colocó en él la frutilla, guardando ambos en su bolsillo interior.


Para ampliar sobre cada caso:
 ARCHIVO SABANEQUE
 
 
Del libro: "Mitos y Leyendas de Sagua La Grande" de Pedro Suárez Tintín
Copyright Tintin Collection 1998